jueves, noviembre 03, 2005
Os lo habéis perdido
Y lo digo porque en el desierto Salón de Grados de la Facultad de Derecho estábamos en familia, con las fugaces visitas de algunos espectadores curiosos. Y es una pena, porque teníamos la suerte de contar con un panel verdaderamente de lujo para debatir el tema propuesto, "La creación intelectual y los derechos de autor en Internet".
El profesor Suñé abría el coloquio estableciendo la artificial separación que aún existe entre los contenidos y el software (un tema en el que es un experto reconocido) en una era digital, para repasar a continuación algunas de sus propuestas que realizaba en el VII Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática en 2000, al calor de la burbuja y el caso M$ (II), que servían para recorrer algunos de los lugares comunes de los debates alrededor de los contenidos digitales en la Red, como el intercambio paritario de archivos, el canon o la copia privada. Aparte de su contundencia académica, sorprendía su carácter reflexivo y conciliador que intentaba racionalizar un claro desajuste de las formas jurídicas y los usos sociales, que se ha acentuado más si cabe con la capacidad disruptiva de la infotecnología.
A continuación, Enrique Dans hacía un recorrido por los cambios tecnológicos que han afectado la creación y distribución de contenidos culturales incidiendo en su impacto directo sobre los modelos de negocio de cada momento, desde la imprenta y los monjes copistas, hasta Internet y las redes P2P y la industria discográfica, pasando por la radiodifusión comercial y las grandes productoras. El discurso de Enrique, desde el sentido común y el conocimiento del mundo de los negocios con la perspectiva académica del estudioso, incidía en un punto fundamental del debate como es la necesidad perentoria de generar innovadores modelos de negocio que hagan frente a un cambio drástico en el entorno socio-técnico, en el que se deben desenvolver las empresas, desde las grandes productoras discográficas hasta las sociedades de gestión colectiva de derechos.
Con esta perspectiva, llegaba el turno de Pedro Farré que, en su línea de siempre, con la mesura y profesionalidad que le caracterizan, entonaba su habitual discurso a la defensiva que pretendía amparar en la legalidad vigente barbaridades como el canon, argumentando en su favor la obligatoriedad impuesta por el actual ordenamiento constitucional para disponer de alguna contraprestación económica para compensar a los derecho-habientes por la pérdida que les suponía aceptar el derecho de copia privada; un argumento que repetiría varias veces ante las matizaciones que se le haría desde la mesa e incluso desde el escaso pero participativo público. Pero, lo mejor, sin duda, la frase lapidaria para la historia: "la cultura nunca será gratis", una afirmación sorprendente realizada por la misma persona que minutos antes señalaba, muy acertadamente, que la Red ya no era tanto un "entorno virtual" como un "entorno social" donde debe aplicar el mismo derecho que aplica al mundo "real". Pedro auguraba el final de las redes de intercambio paritario con la llegada de un gran acuerdo entre operadoras, autores (representados por sus sociedades de gestión colectiva de derechos) y fabricantes ("que sólo buscan vender más dispositivos, sin tener en cuenta a los autores o a la propia cultura").
Y claro, una vez que el representante de la SGAE se había situado en la trayectoria de todos y cada uno de los dardos que sus contertulios habían lanzado (inocentemente) al aire, Pedro J. Canut, nuestro estimado Bloguespierre no quiso echar más leña al fuego estableciendo las limitaciones del sistema judicial español y señalando las diferencias conceptuales entre el derecho continental, "milenario" de Europa con las disposiciones jurídicas que protegen la propiedad intelectual y la legislación que regula "el derecho de copia" al otro lado del Atlántico, en el hemisferio angloparlante. Esto le daba pie para cumplir la petición del moderador para que nos contara la situación de su alternativa - calificada como una especie de tercera vía jurídica por el propio moderador - al esquema de licencias, más propio del derecho industrial, que ha propuesto con un éxito considerable, Larry Lessig desde Stanford. Una alternativa que ha visto la luz recientemente bajo la denominación de COLORIURIS.
El debate posterior resultó de lo más animado, destacando el resurgir del Farré al que estamos habituados en la Red, empeñado en anunciar el final de la piratería al que llegaremos "por la tecnología", que nos ayudará a proteger a los autores de lo que no deja de ser un robo de sus creaciones y su medio de vida, los derechos de autor; mientras Enrique seguía recordándole que "los bits son libres" y no se puede restringir el acceso a ellos. Un discurso, el de Pedro, que pretendía defender la bondad de las tecnologías de gestión digital de derechos - DRM - con metáforas anacrónicas que carecen, desde mi punto de vista, del menor sentido en un mundo digital en el que ni siquiera el concepto de "copia" tal como lo conocemos tiene aplicación. Desde el público y desde la mesa se hacían lucubraciones en voz alta, como la posibilidad de convertir el canon en una tasa impositiva repercutida como subvención a los derecho habientes, mientras Enrique insistía en la necesidad de "educar a los autores" para que puedan reformular su relación con los usuarios de sus creaciones, de una forma más creativa y que les permita sobrevivir en un entorno nuevo, digital que les ofrece nuevos retos y oportunidades.
Al final un entorno agradable, cordial, familiar que terminaba, como no podías ser de otra forma, en el bar de la Facultad apurando el último botellín junto a un moderador solvente que quiso compartir sus experiencias judiciales con algunos legos en la materia como el que firma estas líneas y algún miembro de la fiel audiencia, convenientemente sobornado en especie :-)
Actualización: Enrique, Javi y Pedro Canut han publicado también sus impresiones.
El profesor Suñé abría el coloquio estableciendo la artificial separación que aún existe entre los contenidos y el software (un tema en el que es un experto reconocido) en una era digital, para repasar a continuación algunas de sus propuestas que realizaba en el VII Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática en 2000, al calor de la burbuja y el caso M$ (II), que servían para recorrer algunos de los lugares comunes de los debates alrededor de los contenidos digitales en la Red, como el intercambio paritario de archivos, el canon o la copia privada. Aparte de su contundencia académica, sorprendía su carácter reflexivo y conciliador que intentaba racionalizar un claro desajuste de las formas jurídicas y los usos sociales, que se ha acentuado más si cabe con la capacidad disruptiva de la infotecnología.
A continuación, Enrique Dans hacía un recorrido por los cambios tecnológicos que han afectado la creación y distribución de contenidos culturales incidiendo en su impacto directo sobre los modelos de negocio de cada momento, desde la imprenta y los monjes copistas, hasta Internet y las redes P2P y la industria discográfica, pasando por la radiodifusión comercial y las grandes productoras. El discurso de Enrique, desde el sentido común y el conocimiento del mundo de los negocios con la perspectiva académica del estudioso, incidía en un punto fundamental del debate como es la necesidad perentoria de generar innovadores modelos de negocio que hagan frente a un cambio drástico en el entorno socio-técnico, en el que se deben desenvolver las empresas, desde las grandes productoras discográficas hasta las sociedades de gestión colectiva de derechos.
Con esta perspectiva, llegaba el turno de Pedro Farré que, en su línea de siempre, con la mesura y profesionalidad que le caracterizan, entonaba su habitual discurso a la defensiva que pretendía amparar en la legalidad vigente barbaridades como el canon, argumentando en su favor la obligatoriedad impuesta por el actual ordenamiento constitucional para disponer de alguna contraprestación económica para compensar a los derecho-habientes por la pérdida que les suponía aceptar el derecho de copia privada; un argumento que repetiría varias veces ante las matizaciones que se le haría desde la mesa e incluso desde el escaso pero participativo público. Pero, lo mejor, sin duda, la frase lapidaria para la historia: "la cultura nunca será gratis", una afirmación sorprendente realizada por la misma persona que minutos antes señalaba, muy acertadamente, que la Red ya no era tanto un "entorno virtual" como un "entorno social" donde debe aplicar el mismo derecho que aplica al mundo "real". Pedro auguraba el final de las redes de intercambio paritario con la llegada de un gran acuerdo entre operadoras, autores (representados por sus sociedades de gestión colectiva de derechos) y fabricantes ("que sólo buscan vender más dispositivos, sin tener en cuenta a los autores o a la propia cultura").
Y claro, una vez que el representante de la SGAE se había situado en la trayectoria de todos y cada uno de los dardos que sus contertulios habían lanzado (inocentemente) al aire, Pedro J. Canut, nuestro estimado Bloguespierre no quiso echar más leña al fuego estableciendo las limitaciones del sistema judicial español y señalando las diferencias conceptuales entre el derecho continental, "milenario" de Europa con las disposiciones jurídicas que protegen la propiedad intelectual y la legislación que regula "el derecho de copia" al otro lado del Atlántico, en el hemisferio angloparlante. Esto le daba pie para cumplir la petición del moderador para que nos contara la situación de su alternativa - calificada como una especie de tercera vía jurídica por el propio moderador - al esquema de licencias, más propio del derecho industrial, que ha propuesto con un éxito considerable, Larry Lessig desde Stanford. Una alternativa que ha visto la luz recientemente bajo la denominación de COLORIURIS.
El debate posterior resultó de lo más animado, destacando el resurgir del Farré al que estamos habituados en la Red, empeñado en anunciar el final de la piratería al que llegaremos "por la tecnología", que nos ayudará a proteger a los autores de lo que no deja de ser un robo de sus creaciones y su medio de vida, los derechos de autor; mientras Enrique seguía recordándole que "los bits son libres" y no se puede restringir el acceso a ellos. Un discurso, el de Pedro, que pretendía defender la bondad de las tecnologías de gestión digital de derechos - DRM - con metáforas anacrónicas que carecen, desde mi punto de vista, del menor sentido en un mundo digital en el que ni siquiera el concepto de "copia" tal como lo conocemos tiene aplicación. Desde el público y desde la mesa se hacían lucubraciones en voz alta, como la posibilidad de convertir el canon en una tasa impositiva repercutida como subvención a los derecho habientes, mientras Enrique insistía en la necesidad de "educar a los autores" para que puedan reformular su relación con los usuarios de sus creaciones, de una forma más creativa y que les permita sobrevivir en un entorno nuevo, digital que les ofrece nuevos retos y oportunidades.
Al final un entorno agradable, cordial, familiar que terminaba, como no podías ser de otra forma, en el bar de la Facultad apurando el último botellín junto a un moderador solvente que quiso compartir sus experiencias judiciales con algunos legos en la materia como el que firma estas líneas y algún miembro de la fiel audiencia, convenientemente sobornado en especie :-)
Actualización: Enrique, Javi y Pedro Canut han publicado también sus impresiones.
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