jueves, noviembre 17, 2005

Scientia Ingenium Homini 

Ayer por la tarde, no sé bien por qué, decidí acercarme a una mesa redonda que convocaba la Real Academia de Ingeniería, de cuya existencia jamás había tenido noticia y que al parecer está recién instalada en su nueva ubicación (Don Pedro, 10) aneja a una conocida zona de tapeo en Madrid. Se trata de una institución que, aun con una apariencia ciertamente vetusta, nacía en 1994, y en cuyo escudo se puede leer "Scientia Ingenium Homini" como representación de los tres pilares de eso que, en nuestro antropocentrismo sin fin conocemos como progreso...

Real Academia de IngenieríaLa mesa redonda, con el título "La Comunicación Social de la Cultura Tecnológica" se encuandraba en los Diálogos de la RAI, estaba compuesta por Fernando Sáez Vacas, Javier Sampedro y Javier Nadal como ponentes y Violeta Demonte, Directora General de Investigación del Ministerio de Educación y Ciencia, como moderadora.

Violeta Demonte
Tras la introducción de Anibal Figueiras y Violeta Demonte, abría fuego el profesor Sáez Vacas con su habitual mezcla de la perplejidad socarrona que le permite mantener una curiosidad envidiable por la tecnología más innovadora y la sabiduría que le proporcionan sus casi cuarenta años como educador e investigador. Fernando comenzaba su intervención recordando a la audiencia la definición académica de cultura como "conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico" para criticar a continuación el entendimiento tácito que en la sociedad actual se hace de la misma, asociándola a un estrecho conjunto de disciplinas generalmente de orden artístico y que nos lleva a una "amputación" del individuo y sus capacidades para enfrentarse a una realidad compleja. Fernando proponía, más allá de las distintas culturas, con apellidos, el desarrollo de una verdadera "tecnocultura" que implique la interiorización activa por parte del individuo de la tecnociencia como elemento vital, útil y necesario, como de hecho es, para la vida cotidiana. Evidentemente, el académico quiso dejar patente la deficiencia, tanto de una comunicación social que contemple la tecnociencia como algo "noticiable", como el poco interés de los ingenieros y los agentes sociales implicados, no sólo por comunicar su ciencia y su tecnología en el marco de su impacto socioeconómico, sino por adquirir las capacidades necesarias para hacerlo con la profesionalidad y el rigor requeridos.

Fernando Saéz
Javier Sampedro, conocido periodista de El País, intervenía en calidad de profesional de la Comunicación Social y destacado representante del periodismo científico - se trata de un biólogo reciclado a periodista vía master - una profesión poco reconocida como tal en España. El ponente quiso dedicar su intervención a recorrer con ejemplos el modo en que los científicos e ingenieros aparecen en los medios de comunicación social, junto a sus correspondientes disciplinas, utilizando luego el caso de las biotecnologías, con gran seguimiento mediático, para sugerir una especie de "receta" que ayude a los ingenieros a ocupar más titulares y que pasaba por borrar las fronteras artificiales entre ciencia y tecnología, entre las propias tecnologías que ponían apellido a las múltiples culturas tecnológicas y entre el sistema tecnocientífico y la propia sociedad beneficiaria de sus avances, haciendo que los tecnólogos, científicos e ingenieros dejen de considerar la comunicación algo ajeno, desterrando la percepción del marketing como una "palabra sucia". Evidentemete, en ese camino surgieron otras ciencias con repercusión mediática de distinta índole como la energía nuclear, la ingeniería genética o las comunicaciones móviles.

Javier Nadal Ariño, Vicepresidente Ejecutivo y Director de relaciones Institucionales de la Fundación Telefónica, tras solventar los problemas técnicos habituales que surgen al tratar de usar los medios infotecnológicos de cualquier sala de conferencias ocupada por infotecnólogos, nos presentaba una visión centrada en la comunicación corporativa, que ligaba de forma natural con la responsabilidad social de las empresas (RSC). Javi nos quiso ilustrar con los miedos del cliente ante la invisibilidad de ciertas tecnologías que soportan el despliegue de nuevos servicios, utilizando los ejemplos de la electricidad y las redes de transporte de energía o los coches y las redes viarias de forma análoga a las redes de telecomunicaciones móviles y la polémica de las antenas y los terminales móviles. Para el ponente se hace necesaria la integración de la estrategia de comunicación en los propios procesos de desarrollo de nuevos productos, como solución a priori que evitaría graves perjuicios sociales que a la postre se traducen en quebrantos económicos para las propias empresas que, sin duda, deberían repercutir negativamente en los criterios de RSC, siempre que éstos estén bien definidos.

En el entorno donde nos encontrábamos era de esperar, como así ocurrió, que el turno de preguntas se convirtiera en la oportunidad para que los amiguetes de los ponentes y la organización - que constituían el grueso de la audiencia - hicieran su propia ponencia; pero, aún así se plantearon algunos puntos de interés para el debate. Por un lado se apuntó de forma explícita la importancia de la educación - desde la primaria hasta la universitaria - para consolidar una verdadera tecnocultura entre la sociedad, de la que también son parte integrante los propios tecnocientíficos; la lástima fue el ejemplo utilizado como ilustración... Otro conocido asistente quiso señalar dos cosas: por un lado la falta de perspectiva de una comunidad que se sentía especial demandando su escaso papel en la sociedad, argumentandolo con el ejemplo de un encuentro similar de una sociedad de poesía con idénticas preocupaciones por la desaparición de su disciplina de cualquier ámbito de la vida social;por otro lado la imposibilidad de incorporar a la única cultura - para él la colectiva - todos los conocimientos y disciplinas que integran este mundo complejo y que se traducen en aquellos "apellidos" que comentaba FSV y que este interviniente identificaba con las múltiples "inculturas", una para cada cerebro, pero inculturas al fin y al cabo.

Yo me quedo con la inquietud de saber cómo vamos a resolver esta situación, ¿formamos a los periodistas en tecnología, como proponía el Bueno de nuestro Decano Presidente? ¿formamos a los científicos y tecnólogos para que sepan comunicar e informar de forma clara tomando en consideración los usos sociales de los progresos proporcionados por su trabajo? ¿eliminamos los estudios de periodismo para los profesionales de los medios de información o comunicación social como decía Sampedro? ¿nos tomamos en serio la propuesta de acción de FSV para el desarrollo de un verdadero "ingeniero híbrido" capaz de sintetizar tecnología, sociedad, economía y empresa en un conjunto de capacidades, conocimientos y habilidades personales consistente, coherente y que le permita desenvolverse como un mmiembro útil en una sociedad del conocimiento? o simplemente ¿continuaremos en nuestra habitual actitud de indolencia que maximiza la autosatisfacción de creernos en posesión dela verdad?

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