martes, octubre 30, 2007
Métodos del XIX, profes del XX y aprendices del XXI
Hoy me dejaba caer por el Palacio Municipal de Congresos para hacer efectiva la acreditación que Rafa me conseguía hace unos días en nombre de fiap para asistir al IV Congreso EducaRed organizado por LA Fundición, Telefónica. Lo hacía justo a la hora en que comenzaba la segunda mesa plenaria del día, moderada por Obdulio. Una mesa en la que participaban los directores de los cuatro, antes cinco, grupos de trabajo de EducaRed --presentando las conclusiones del informe que nos entregaban en el pen-drive incluido en la documentación para congresistas- y Antonio Rodríguez de las Heras como representante del grupo dedicado a parir un modelo de evaluación para el programa de centros modelo, o algo así.
Aparte de utilizar la entrada para denunciar --onemoretime- el necesario cambio de formato que insufle algo de frescura en estos encuentros, me va a servir para rememorar las frases que, como la del título, iba lanzando "¡al tuiter!" para alegría de mi operador móvil, mientras esperaba la hora de la comida.
Los números, "los quesitos estadísticos" y las conclusiones nada halagüeñas acerca, tanto de la formación de los profesionales de la educación, como de la integración de las infotecnologías en la gestión de los centros, pasando por la generación de contenidos, iban pasando, de la misma forma que lo hacía un curioso 'ticker' debajo de la imagen del ponente acompañada de su preceptivo pepete en el gran videowall desplegado en el espectacular escenario. Luego supe (me lo contaba Pepe) que eran las preguntas a los ponentes, que la audiencia podía enviar desde su (teléfono) móvil al módico precio de quince céntimos, participando en el sorteo de un libro valorado en más de veinte euros. De verdad, todavía lo pienso y lloro de la risa ;-)
Pasaban, pasaban las palabras, las frases, "la imaginación es la cometa que mas alto puedes hacer volar", "no es fácil distinguir entre contenidos, herramientas y metodologías", "la tecnología no es innovación en si misma, no es innovación educativa", "el ordenador en casa: debemos preparar su llegada, encontrarle su sitio; planificar su uso conjunto", "no a todos nos sirve el mismo universo simbólico" ··· todo muy divertido.
Menos mal que la mesa la cerraba Antonio, autor de un libro muy recomendable, "Navegar por la información", premio Fundesco de ensayo en 1990 que me recomendaba en su momento un amigo y que nos ilustra con una visión insuperable del concepto de hipertexto y lo que ha significado para nuestra particular sociedad de la información 'wannabe'.
Me gustó su capacidad estética para hacernos visualizar una realidad cambiante. Tres prótesis, tres pantallas para la invisibilidad tecnológica proponía Antonio en su escenario ideal; una en el bolsillo (el [teléfono] móvil) otra en la cartera (el portátil) y la tercera en un espacio arquitectónico (el aula, el salón de casa). Unas (info)tecnologías a las que se refería que "no son una herramienta, sino un espacio que debemos hacer habitable, un lugar de intervención y de orden". Un lugar, al que debemos acomodarnos haciendo uso de diversos objetos, contenidos educativos y/o herramientas (info)tecnológicas. Un entorno en el que el profesor debe sentirse inmigrante, pero no extraño; mientras que el nativo ha de saberse del otro lado de la siguiente brecha.
Lo mejor, sin duda, la respuesta ante la última pregunta que Obdulio pasaba al propio Antonio acerca de la motivación de los profesores para el uso de las tecnologías digitales. Decía el ponente, desde mi punto de vista con todo el sentido del humor del mundo, que, ante esas tecnologías, se podía actuar como delante de una caja negra, es decir, usándola como tal, abriéndola a ver qué tiene dentro, ..., o pensando. Pensar. ¡Qué bueno joderrrrrrr!
Aparte de utilizar la entrada para denunciar --onemoretime- el necesario cambio de formato que insufle algo de frescura en estos encuentros, me va a servir para rememorar las frases que, como la del título, iba lanzando "¡al tuiter!" para alegría de mi operador móvil, mientras esperaba la hora de la comida.
Los números, "los quesitos estadísticos" y las conclusiones nada halagüeñas acerca, tanto de la formación de los profesionales de la educación, como de la integración de las infotecnologías en la gestión de los centros, pasando por la generación de contenidos, iban pasando, de la misma forma que lo hacía un curioso 'ticker' debajo de la imagen del ponente acompañada de su preceptivo pepete en el gran videowall desplegado en el espectacular escenario. Luego supe (me lo contaba Pepe) que eran las preguntas a los ponentes, que la audiencia podía enviar desde su (teléfono) móvil al módico precio de quince céntimos, participando en el sorteo de un libro valorado en más de veinte euros. De verdad, todavía lo pienso y lloro de la risa ;-)
Pasaban, pasaban las palabras, las frases, "la imaginación es la cometa que mas alto puedes hacer volar", "no es fácil distinguir entre contenidos, herramientas y metodologías", "la tecnología no es innovación en si misma, no es innovación educativa", "el ordenador en casa: debemos preparar su llegada, encontrarle su sitio; planificar su uso conjunto", "no a todos nos sirve el mismo universo simbólico" ··· todo muy divertido.
Menos mal que la mesa la cerraba Antonio, autor de un libro muy recomendable, "Navegar por la información", premio Fundesco de ensayo en 1990 que me recomendaba en su momento un amigo y que nos ilustra con una visión insuperable del concepto de hipertexto y lo que ha significado para nuestra particular sociedad de la información 'wannabe'.
Me gustó su capacidad estética para hacernos visualizar una realidad cambiante. Tres prótesis, tres pantallas para la invisibilidad tecnológica proponía Antonio en su escenario ideal; una en el bolsillo (el [teléfono] móvil) otra en la cartera (el portátil) y la tercera en un espacio arquitectónico (el aula, el salón de casa). Unas (info)tecnologías a las que se refería que "no son una herramienta, sino un espacio que debemos hacer habitable, un lugar de intervención y de orden". Un lugar, al que debemos acomodarnos haciendo uso de diversos objetos, contenidos educativos y/o herramientas (info)tecnológicas. Un entorno en el que el profesor debe sentirse inmigrante, pero no extraño; mientras que el nativo ha de saberse del otro lado de la siguiente brecha.
Lo mejor, sin duda, la respuesta ante la última pregunta que Obdulio pasaba al propio Antonio acerca de la motivación de los profesores para el uso de las tecnologías digitales. Decía el ponente, desde mi punto de vista con todo el sentido del humor del mundo, que, ante esas tecnologías, se podía actuar como delante de una caja negra, es decir, usándola como tal, abriéndola a ver qué tiene dentro, ..., o pensando. Pensar. ¡Qué bueno joderrrrrrr!
Etiquetas: educación, eventos educared, Telefónica
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