jueves, mayo 08, 2008

Enredando con la netocracia y la infociudadanía 

La peña del Centro de Estudios Andaluces ha tenido la amabilidad de invitarme a visitar Sevilla y, para ganarme el viaje y las cañas, me han pedido que me encargue de abrir un par de jornadas que, bajo el título "La Era del 2.0: Web, Democracia, Urbanismo y Ciudadanía", congregan en la ciudad a un buen número de estudiosos y eventuales que pululamos por la superficie resbaladiza de la Red.

La Era del 2.0: Web, Democracia, Urbanismo y Ciudadanía

Con el verano ahí, a la vuelta de la esquina, no he podido rechazar el ofrecimiento y, ni corto ni perezoso, le he dado a la máquina de generar títulos de garrafón para proponerles una ¿ponencia? con el fantasmagórico título de "Enredando con lo social. Mitos, paradojas y realidades dos-punto-cero", un tema recurrente ya en mis fugaces intervenciones, entre cerveza y cerveza.

Como esta gente son gente seria me han pedido que escriba mi ponencia --supongo que para dejar constancia del delito. De manera que, como no podía ser de otra forma, me pongo a hacerlo aquí, a la vista de tod@s, partiendo del resumen / declaración de intenciones que le suministraba a la organización hace ya unas semanas:

No somos bloguer@s. Un montón de personas generando contenido en la Red no constituyen una suerte de inteligencia colectiva. La posibilidad de expresar más fácilmente una opinión usando los medios infotecnológicos no supone una democratización del medio. Las promesas de la Web 2.0 no son nuevas; ni mucho menos lo son los métodos que usamos para realizarlas. Existe un impacto socio-económico asociado a ese nuevo estadio en la evolución de la Web que hemos convenido en etiquetar como "dos-punto-cero" pero, si no entendemos el origen de la retórica que le ha conferido naturaleza paradigmática, no seremos capaces de ponerlo en contexto y aprovechar las posibilidades que supone para la integración de esas infotecnologías en la vida cotidiana de las personas, condición sine qua non para hablar de una verdadera sociedad de la información.

La ponencia pretende hacer una semblanza de ese impacto socio-económico de la Web Social, abordándolo como una serie de mitos y realidades paradójicas que se dan en el uso de las ya no tan nuevas infotecnologías. La intención de este planteamiento es proponer un conjunto de líneas de reflexión a lo largo de las cuales se puedan desarrollar estrategias de aproximación y apropiación de esas tecnologías en diferentes ámbitos.

Social Computing, Social Software, Web 2.0, Web Social, ... Hay multitud de términos en los titulares para hacer referencia a lo que ya ha adquirido naturaleza fenomenológica: fruto de la retórica del momento, el cambio de versión informática, el fenómeno "dos-punto-cero" ha surgido como la metáfora más ampliamente aceptada que haya nacido en la Red. No es la primera vez que una metáfora surgida del ámbito infotecnológico acaba permeando entornos aparentemente alejados del mismo --que, por cierto, cada vez son menos. Ocurría algo similar a principios de siglo: ahora el adjetivo "dos-punto-cero" ha venido a sustituir, de alguna forma, al "e-loquesea" que coronaba la locura colectiva más reciente de los mercados financieros.

Debajo de una brillante y rebaladiza superficie --de colores pastel y bordes redondeados- una complejidad infotecnológica creciente que se manifiesta en forma de oleadas de neologismos, siglas y acrónimos anglosajones que, al calor de la recuperación de la confianza en los mercados, han cuajado en el escenario del emprendimiento empresarial donde se diversifica una oferta de productos aparentemente más cercanos a sus potenciales usuarios, en constante desarrollo, siempre en "beta", según la retórica del momento.

¿Es el "dos-punto-cero" un nuevo paradigma? No, es una metáfora. La posmodernidad, dentro de la que surge la retórica que lo sustenta sí lo fue. ¿Acaso es menos útil por ello? No. Es una metáfora útil, que nos ayuda a comunicar una realidad cambiante. ¿Por qué ofrecer entonces esta reflexión al sufrido lector? Porque la oportunidad que nos ofrece esta fase de evolución infotecnológica para seguir avanzando en la construcción de una verdadera sociedad de la información para tod@s puede terminar en un movimiento torpe que nos deje anclados, más que en el tránsito de la era de la información a la del conocimiento, en una especie de era post-industrial digitalizada.

Creo que entender --con el necesario ejercicio de reflexión de que debe ir acompañado- cuál es la realidad acelerada de este fenómeno es una de las mejores garantías para una adecuada "apropiación" de las infotecnologías, primer paso de comprensión e integración que necesita la construcción de una sociedad del conocimiento en último término. Es por eso que voy a intentar recorrer aquí esa realidad, exponiendo una serie de mitos y paradojas de esa Web 2.0 en la que la evolución hacia una Web de Nueva Generación (WebNG) nos ha colocado después de 15 años de historia que se cumplían el pasado 30 de abril. Y lo haremos entendiendo que la Web no deja de ser la parte más visible de una red, la Red (Universal y Digital por construcción) que va mucho más allá de la popular Internet que nos sigue sirviendo para nombrar una realidad que la excede con creces.

Tecnomitos y paradojas "dos-punto-cero"

No hace mucho un amigo me proponía la ímproba tarea de reflexionar conjuntamente sobre la aparente emergencia de una suerte de "tecnomitos" que inundaban la literatura empresarial más consumida, la de los oráculos de puente aéreo. Este amigo proponía comenzar lo que se me antojaba como un trabajo digno de la constancia de Sísifo con lo que él llamaba "la hidra de la convergencia". Independientemente de su particular planteamiento, describiendo un monstruo de dimensiones míticas que amenazaba devorarnos con cualquiera de sus múltiples cabezas, es la convergencia un mito interesante puesto que incide en esa realidad que mencionaba unas líneas más arriba, la de la Red como un organismo que crece y se extiende a más y más ámbitos; no como una especie de mecano que va integrando piezas en el mismo mecanismo mediante el proceso de la convergencia, de redes, de dispositivos (el fijo y el móvil) y/o de servicios.

La primera paradoja que debemos considerar es la aparición de la variedad de servicios "2.0" que hemos visto florecer en el terreno abonado por un número considerable de cadáveres que dejaba tras de sí el desastre financiero de principios de siglo. Es una reflexión bastante ilustrativa en la que acostumbro a insistir: hoy podemos navegar por y descargarnos todo tipo de contenidos a una velocidad razonable (con todos los matices que corresponda hacer a este repecto en relación con los diferentes ritmos a los que se desarrolla la sociedad de la información en esta parte del mundo) e interactuar con otras personas en una variedad creciente de formas gracias al impulso que se dio, hace ya casi una década, al despliegue de las infraestructuras de transporte y acceso, catalizados por la imagen de bonanza financiera que se proyectaba en aquellos maravillosos años.

La participación es otro mito interesante, que se muestra en diferentes facetas. Casi todo alrededor de la Web 2.0 gira alrededor del adjetivo "social", del "nosotr@s" frente al "yo", del "compartir es bueno" en un mundo en que el único mecanismo que necesitamos para hacer realidad el procomún universal del conocimiento y otras idealizaciones de un mundo (casi) feliz parece ser el hiperenlace, inicialmente hipertextual. Se supone que vamos hacia un escenario en que se rompe con el desequilibrio entre consumidores y productores de contenidos, tildando de "democratización" una simple tendencia de mercado registrada ya en muchos ámbitos y que se ve ahora potenciada por una evolución infotecnológica.

El error habitual es convertir pura potencialidad técnica, que efectivamente existe, con una realidad social: pensemos en los anuncios de decubrimientos científicos aplicados al campo de la farmacología o las aplicaciones tecnológicas revolucionarias en la técnica quirúrjica, por ejemplo, y lo que tardan en estar comercial y socialmente disponibles. En el caso de la participación, tenemos ejemplos como el de Wikipedia, el mayor compendio de conocimiento humano jamás creado que ha nacido fruto de la colaboración desinteresada de una multitud de usuarios que han participado aportando cada cual su granito de arena para redactar los artículos de la popular enciclopedia, habilitados por unos accesos a la Red "accesibles" (precios, disponibilidad comercial, usabilidad, etc.) y una herramientas, las plataformas wiki que se asocian con el nacimiento de la Web 2.0. Las cifras de ese colosal proyecto hablan de unos niveles de participación del orden del 1 al 5 %. Unos niveles similares podíamos encontrar (con una tendencia creciente distribuida entre los segmentos de usuarios más jóvenes) en Youtube, un conocido servicio para compartir contenido audiovisual en la Red.

¿Significan esos números que la gente no está interesada en esos servicios más allá de un segmento de población que los usa de forma intensiva? No. Significa que la infancia de la Web y de la propia Red nos pilla ocupados y no nos permite ver una línea evolutiva; significa también que la distribución de cola larga que se asocia con la generación y consumo de contenidos, o la acumulación de contactos en una red social, tampoco es nueva; es una propiedad estrucutral de determinado tipo de redes complejas que hoy disponen de más medios técnicos para desarrollarse.

En relación directa con la participación, aparecen otros mitos como el de la "sabiduría de las multitudes" o la "inteligencia colectiva" que muchos estudiosos podrían identificar perfectamente con un mal entendido resurgir de la oclocracia como aspiración social idealizada. Lo he dicho más veces, "un montón de inmigrantes digitales escribiendo en un wiki no es conocimiento colectivo, de la misma forma que una legión de adolescentes en potencia desnudándose en sus blogs tampoco es participación ciudadana, a menos que pongamos los medios para que lo sea". El periodismo ciudadano lo es porque hay un colectivo que se sienten parte de cierta localidad y quieren ayudar a su construcción y desarrollo participando de manera activa en la compartición de contenidos de interés informativo para esa comunidad a la que pertenecen; no porque todos los habitantes de un pueblo se pongan de acuerdo para publicar todo el contenido que son capaces de captar con la cámara de sus móviles en un gestor de contenidos al uso.

El nativo digital --otra metáfora más o menos afortunada según en qué ámbito se considere- parece ser quien herede nuestro presente, que ya no puede ser futuro puesto que nosotr@s --los inmigrantes digitales, recién llegados y desorientados- lo estamos convirtiendo en pasado. En el ¿choque? de ambos colectivos nos encontramos otra paradoja muy curiosa: somos nosotros, los inmigrantes, que venimos de una concepción industrial e industrialista de la realidad, quienes nos hemos arrogado la obligación de enseñar --alfabetizar digitalmente- a l@s nativ@s que han nacido y crecido con aquellas tecnologías formando parte de una humanidad distinta --y digo bien, digo humanidad porque no hay nada más humano que la tecnología. ¿Quiere decir esto que debemos abandonar todo nuestro sistema educativo y empezar de cero? No, pero sí debemos rediseñar --con el sentido transformador que ello implica- los procesos educativos para integrarlos con unos procesos de aprendizaje que, de hecho, ya han cambiado, fruto de una especie de "noomorfosis digital" que ya es algo más que una intuición.

¿Por qué son tan importantes estas consideraciones? Porque la experiencia nos dice que no se construye una sociedad sostenible con un mercado saludable de bienes y servicios y un desarrollo tecnocientífico creciente basado en la innovación si no conseguimos una "apropiación" efectiva de ese desarrollo. Los segmentos más jóvenes de la población utilizan cada vez más la tecnología y, mientras lo hacen, hacen surgir formas nuevas de comunicación y, a la postre, de relación. No aprovecharemos el potencial transformador de ese cambio si insistimos en trasladar ese cambio, que no es técnico, ni social, sino socio-técnico o "tecnosocial", de forma directa a un esquema industrial que lo convierta en una serie de productos susceptibles de ser comercializados entre aquellos segmentos de población.

Pensemos en el ejemplo de los contenidos audiovisuales en la Red y la forma en que han comenzado a "reaccionar" los actores económicos en el mercado para "defenderse" ante el cambio aparentemente "disruptivo" en su cadena de valor: se ensayan productos de "Internet TV", "P2P TV" o televisión en el móvil intentando apalancar la TV como elemento cultural anacrónico y las posibilidades de las infotecnologías en la Red. Estamos asistiendo a un intento de "televisar" la Red en un escenario de cambio en el que se redefinen conceptos como difusión, audiencia, canal, programación en lugar de aceptar su desaparición y construir una realidad nueva.

Es esa la paradoja más curiosa, con la que terminaremos: las tecnologías "responsables" del cambio drástico que experimenta tu negocio son, precisamente, las mejores herramientas que tienes a tu alcance para gestionar adecuadamente ese cambio; lo cual nos llevaría a pensar que el cambio tecnológico lo que incorpora es un cambio social, que no se producirá si no entendemos que se trata de una situación de complejidad en que el cambio que se está produciendo es socio-técnico.

Reflexión para la acción

Estas ideas no servirán de nada si no se orientan a la acción, que podría comenzar con el desarrollo de las mismas, aplicadas a diferentes ámbitos, a lo largo de los tres ejes en que se han expuesto de forma implícita: Infotecnologías, Personas y Contenidos. Una especie de I-P-C de la Red, que resulta catastrófico cuando se desequilibra en exceso.

Aproximarnos a la Red combinando esos tres ejes no es una garantía de éxito, pero sí un esquema razonable para desarrollar cualquier medida integradora. Claro está que tenemos que combinar ese esquema con una dinámica que sintonice con la realidad de la Red. En alguna otra ocasión he representado esa dinámica como una aproximación siempre orientada a la acción: escuchar, enlazar, compartir, ..., ¿influir?.

"Escuchar" para aprehender la realidad de un entorno cambiante, "enlazar" porque en las redes lo que resulta más característico es la conectividad, de personas, recursos, lo que sea se puede alcanzar en la Red mediante el vetusto mecanismo del hiperenlace; "compartir" porque no hay otra forma más sencilla de sumar en la sociedad del conocimiento y, finalmente, ¿influir? entre signos de interrogación, porque nuestra acción debe ser transformadora. Influir, ¿por qué "influir"? porque de alguna forma representa la simbiosis de comunicar, informar, emocionar... sin lo cual no podemos aprender a ser (estar) en la Red, componente fundamental en la construcción de una nueva ciudadanía digital, ciberciudadanía o infociudadanía.

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