No sé bien por qué, pero siempre me llamó la atención la denominación de uno de los órganos (por lo general) más oscuros del entramado institucional de la Universidad, las OTRI (Oficinas para la Transferencia de los Resultados de Investigación). Interesante denominación. ¿Resultados? ¿Qué resultados? ¿Investigación? ¿Transferencia a quién o a qué, a la Sociedad, a la Empresa quizás? Siempre me resultó un tanto incomprensible y bastante ridículo cuando mi rutina profesional me acercaba a las labores que, en pocas ocasiones, trascendían más allá de los despachos del rectorado.
Lejos de dedicarme a depurar la extraña naturaleza de tales órganos de nuestra vetusta institución, quiero dedicar unos pocos párrafos a reflexionar alrededor de la naturaleza de esa necesaria "transferencia" de resultados, conocimientos, ideas, información, etc. Desde mi punto de vista, las crecientes posibilidades que hoy ofrece la Red nos permiten obviar la naturaleza, funciones y resultados, valga la redundancia, de las diferentes OTRI que en el mundo ha habido y habrá, para empezar a pensar en serio en la transferencia (social) del propio proceso de creación, invención, ideación, innovación tecnocientífica a la propia Sociedad.
El germen de tal reflexión -aparentemente muy naíf- repetido ya en sucesivos esfuerzos más o menos conformes con el statu quo reinante, proviene de la formulación extendida de la retórica más aceptada e innovadora, la del I+D+i, en la que un -desconocido para mi- divulgador local hablaba de la necesidad de desarrollar una verdadera actividad de I+D+i+d, con "d" minúscula de "divulgación", "difusión", "diseminación".
Lejos de dedicarme a depurar la extraña naturaleza de tales órganos de nuestra vetusta institución, quiero dedicar unos pocos párrafos a reflexionar alrededor de la naturaleza de esa necesaria "transferencia" de resultados, conocimientos, ideas, información, etc. Desde mi punto de vista, las crecientes posibilidades que hoy ofrece la Red nos permiten obviar la naturaleza, funciones y resultados, valga la redundancia, de las diferentes OTRI que en el mundo ha habido y habrá, para empezar a pensar en serio en la transferencia (social) del propio proceso de creación, invención, ideación, innovación tecnocientífica a la propia Sociedad.
El germen de tal reflexión -aparentemente muy naíf- repetido ya en sucesivos esfuerzos más o menos conformes con el statu quo reinante, proviene de la formulación extendida de la retórica más aceptada e innovadora, la del I+D+i, en la que un -desconocido para mi- divulgador local hablaba de la necesidad de desarrollar una verdadera actividad de I+D+i+d, con "d" minúscula de "divulgación", "difusión", "diseminación".

Años de propuestas estériles, esfuerzos mal dirigidos e incomprensión a raudales en mi propia universidad -achacables, como es obvio, a mi propia incapacidad- vuelven a manifestarse al recibir a la salida del suburbano madrileño un panfleto publicitario de "la noche de los investigadores": una iniciativa que extiende el formato de la ¿exitosa? "noche en blanco" al ámbito investigador, absolutamente desconocido desde el putno de vista social en nuestro país, entre otros muchos.
Al comprobar lo lamentable de la situación me pregunta por qué será tan difícil entender la importancia de un proceso de generación de conocimiento e innovación socialmente sostenible ,en un escenario en el que hemos cercenado, prácticamente, todo atributo utilizable de tales conceptos, al arrastrarlos por el barro de la incompetencia a lo largo de varias décadas con total conocimiento de causa.
NO. No se trata de "transferir" los resultados de la investigación a los agentes sociales (y por tanto económicos), sino de hacerlos formar parte integrante de un proceso creativo más amplio y comprometido socialmente. ¿Cómo? "Empoderando" -si se me permite usar el palabro- a todos y cada uno de los actores directamente involucrados en tal proceso: es decir, no me vale disponer de un grupo puntero de investigación cuyo único contacto con el contexto socio-económico que le confiere cierta realidad de su existencia sea un presupuesto subsidiado por varias instituciones nacionales, regionales o incluso supraregionales.
Se trata, creo yo, de reivindicar el papel social de la tecnociencia (moderna). Eso se hace de muchas formas, en diferentes momentos. La divulgación tecnocientífica es una; también por la vía de los personajes mediáticos habituales pero, cada vez más, sobre todo, reclamando el propio papel del investigador en esta depauperada sociedad de la desinformación; no un día, sino todos y cada uno de los días del año.
Al comprobar lo lamentable de la situación me pregunta por qué será tan difícil entender la importancia de un proceso de generación de conocimiento e innovación socialmente sostenible ,en un escenario en el que hemos cercenado, prácticamente, todo atributo utilizable de tales conceptos, al arrastrarlos por el barro de la incompetencia a lo largo de varias décadas con total conocimiento de causa.
NO. No se trata de "transferir" los resultados de la investigación a los agentes sociales (y por tanto económicos), sino de hacerlos formar parte integrante de un proceso creativo más amplio y comprometido socialmente. ¿Cómo? "Empoderando" -si se me permite usar el palabro- a todos y cada uno de los actores directamente involucrados en tal proceso: es decir, no me vale disponer de un grupo puntero de investigación cuyo único contacto con el contexto socio-económico que le confiere cierta realidad de su existencia sea un presupuesto subsidiado por varias instituciones nacionales, regionales o incluso supraregionales.
Se trata, creo yo, de reivindicar el papel social de la tecnociencia (moderna). Eso se hace de muchas formas, en diferentes momentos. La divulgación tecnocientífica es una; también por la vía de los personajes mediáticos habituales pero, cada vez más, sobre todo, reclamando el propio papel del investigador en esta depauperada sociedad de la desinformación; no un día, sino todos y cada uno de los días del año.
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