La tecnología, en su absoluta ignorancia, empapada en su propio desconocimiento y encarnada en una profesión atemorizada por su propia incultura, se ha instalado en un "no-saber" productivo, pero peligroso.


En la mesa, mis colegas, ponían algunos elementos para el debate: @claud10, que ha vuelto al
Cedint después de una estancia en el
IPTS y que nos argumentaba con abundantes estadísticos la necesidad de empujar el despliegue de nuevas infraestructuras de banda súper-ancha; Ignacio Camarero que nos vislumbraba los proyectos de despliegue de Telefónica en el medio plazo para llevar fibra al nodo, al hogar, al edificio, ... llamémoslo x (
FTTx) y conseguir el nievana del Gigabit-por-segundo (signifique eso lo que quiera que signifique); @sebasmuriel que, tras reivindicar el papel humanista del ingeniero en la construcción de una sociedad de la información, ponía resultados sobre la mesa, presentando seis de los proyectos de impulso de la sociedad de la información que se han liderado desde red.es.
Con ese panorama, a mi me tocaba, al hilo de la completa recopilación de datos estadísticos que el propio Enrique ponía sobre la mesa, cambiar el paso del debate ante la algo más que probable posibilidad de que en lugar de debate nos viéramos abocados a la debacle profesional del sector ahogado en su propia nausea.
Al final, bastante más espeso y críptico que de costumbre -según algunos amigos me confirmaban a la salida- quise volver sobre un argumento repetitivo alrededor de los elementos que debemos considerar a la hora de pensar esa "Sociedad de la Información" de la que se nos llena la boca que, para una primera aproximación, pueden ser las
(info)Tecnologías, las Personas y los Contenidos.
Pasando muy deprisa -otro de mis defectos como orador- sobre algunos
mitos de la Web 2.0, quise incidir, sobre todo, en
"cómo mentir con las estadísticas", un tema también recurrente en nuestros análisis interesados de una realidad esquiva.

En definitiva, el planteamiento complejo que "demandaba" -si es que alguien me quiere conceder esa capacidad frente a los ilustres de la sala- de la profesión quise ilustrarlo sin éxito con un ejemplo, a mi juicio, relevante. Me refiero al fenómeno del
periodismo ciudadano. La apropiación social de una creciente variedad de medios tecnológicos por parte de personas a lo largo y ancho del mundo, para informar e informarse en proximidad y con la segmentación necesaria de la realidad que les importa es una realidad perfectamente tangible y cercana a casi tod@s; una realidad que se conforma sustanciando con ritmos diferentes la potencialidad infotecnológica que soportan las infraestructuras y los servicios de que hablaban en abstracto mis colegas en la mesa.
Hablamos, por tanto, de:
- (Info)tecnologías: sin olvidarnos de las infraestructuras, que evolucionan en el subsuelo sociotécnico de un escenario más tecnioficado, a modo de placas tectónicas que de cuando en cuando chocan provocando verdaderas "catástrofes" y transformaciones en el suelo webosférico que pisamos, encontramos en la brillante superficie de la Web 2.0 multitud de instrumentos más o menos accesibles y "usables". Herramientas para crear y editar contenidos multimedia, textuales, audiovisuales; para compartirlos, enriquecerlos, comentarlos en una especie de "orgia" de la conexión (Verdú, "Yo y tú objetos de lujo", Ed. Debate, 2005), remezclarlos, etc. hacen posible que una persona, con unas habilidades "básicas" en el uso de la "Internet", tenga la posibilidad de montar un "medio" de información online por un precio que no tiene por qué superar las 100 EUR anuales.
- Personas: efectivamente, personas. No se trata de que este aspecto haya cambiado; pero sí es relevante observar el hecho de que los instrumentos de que disponemos nos permiten superar -trascender si se quiere- la condición social de usuari@s, consumidor@s, client@s, votantes, etc. para abarcar nuestro papel como parte de una nueva ciudadanía, que ya no necesite de apellidos como "digital" o "2.0". Pensemos, en el caso del periodismo ciudadano que pretendía sirviera de hilo conductor, en el cambio drástico que supone para la organización social y política de una pequeña comunidad urbana la posibilidad de disponer y usar las herramientas de las que hablaba más arriba: pensemos en los MoJos (Mobile Journalists), armados con terminales "inteligentes", provistos de cámaras de vídeo, GPS y conexiones de banda ancha en movilidad... Algo de lo más común en cada vez más partes del mundo, incluso en los países en desarrollo, donde el impacto socio-económico de esta tecnología inalámbrica cobra especial relevancia en situaciones de aislamiento político o conflicto armado.
- Contenidos: vivimos un cambio en las narrativas; la forma en que construimos nuestra historia, a base de las historias cotidianas y locales, que componen el horizonte informativo cada vez más, cambia radicalmente. La narrativa audiovisual, de la que no hemos apropiado much@s dará al traste con muchos modelos de negocio -ya lo está haciendo- en el sector de los contenidos digitales; pero creará otros: en plena era de los contenidos, por ejemplo, no hemos sido capaces aun de generar innovaciones de negocio basadas en la gestión de los derechos de propiedad intelectual sobre esos contenidos, quedándonos en una discusión a voces y sin argumentos para pelear por las migajas de un pastel que hace ya mucho ha perdido todo su sabor original.
Lo más importante, que esperaba derivara de la consideración de esos tres elementos así expuestos y relacionados con el propio fenómeno del periodismo ciudadano, es entender que es la dinámica de su interacción (de ese particular IPC, que debe mantenerse equilibrado) la que nos está ofreciendo las claves para seguir avanzando en la construcción de una sociedad de la información efectiva -en términos de la apropiación social de la tecnología, que es el extremo que nos ocupa a los ingenieros- para tod@s.
Espero haber conseguido documentar 'ex-post' la intencionalidad de mi intervención de ayer, esperando que sirva para que algún colega encuentre más argumentos para su propio discurso; aunque, en definitiva, no tengo todas las respuestas, pero ¿Acaso tú tienes todas las preguntas?