domingo, octubre 09, 2011

#emprendemos

Esta era la etiqueta elegida para dar visibilidad en la Red al encuentro que el pasado viernes congregaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a un nutrido grupo de "emprendedores" que presentaban, en una sesión informal, sus propuestas al candidato del grupo socialista, Rubalcaba.

El encuentro, independientemente de su color político y de su formato, aspectos sobre los que ya comentaba sus acertadas apreciaciones Miguel Arias en su blog, me dejaba buenas sensaciones del candidato; y me provocaba algunas reflexiones -que nada tienen que ver con lo vivido en el encuentro- de un alcance mucho más amplio que los plazos marcados por el horizonte electoral; y han resultado ser tan insistentes a lo largo de esta mañana que he decidido "verbalizarlos" aquí brevemente para su eventual desarrollo en un foro más cercano a la realidad política de una ciudadanía por descubrir.

Emprendemos

Por un lado, me sorprende -o al menos me llama poderosamente la atención- que sigamos asociando las actividades relacionadas directamente con el lanzamiento y puesta en marcha de una iniciativa empresarial como propias de una especie de estirpe nueva a la que hemos querido llamar "emprendedor". Era el propio Peter Drucker quien argumentaba cómo el elemento sustancial, diferencial y definitorio del papel económico del emprendedor (del francés 'entrepreneur', con una semántica relativamente distinta del castellano 'emprendedor') era la "innovación", no la propensión al riesgo.

Un término importante por lo repetido y prostituido en este escenario político y empresarial que nos ha tocado vivir es el de "talento". Un término que en España solemos asociar a la "pelota" equivocada, tal como nos recuerda nuestro querido "franky digital"; y que aquí me interesa destacar como la capacidad de nuestra inteligencia para fijarse las metas adecuadas y conseguirlas… En palabras de José Antonio Marina, “talento es la Inteligencia triunfante”.

Por otro lado, resulta un tanto decepcionante comprobar cómo la comunicación política -de cualquier color- ha tendido a convertir a aquellas personas que deciden dedicarse a ese tipo de actividad en "los héroes del momento", convirtiendo una serie de potenciales medidas coyunturales para paliar los efectos de la recesión que vivimos en poco menos que los ejes de una política estructural que nos ayude a la reconstrucción futura.

Me parece que los esfuerzos de economistas y divulgadores -llevados a cabo durante al menos el último lustro-, han conseguido demostrarnos que la situación en la que nos encontramos se configura como un "fallo sistémico", estructural; y aunque, cuyunturalmente, parece necesario dar un impulso al empleo, siendo la creación de empresas que lo faciliten -tanto desde el punto de visto del autoempleo, como desde el más evidente de creación de nuevos puestos de trabajo-, una medida razonable, no se justifica la especificidad de la misma, para los emprendedores, que se están proponiendo de uno y otro lado del escenario político.

No sé si vale la pena siquiera mencionarlo aquí, pero el habitual recurso a los tópicos culturales españoles lleva ya demasiado tiempo mermando nuestras posibilidades de generar un debate político, ciudadano, que resulte en propuestas eficaces: elementos como la aversión al riesgo, la estigmatización del fracaso, etc. deben ser desterrados de nuestro discurso. Es un punto este que, aunque de vital importancia para desarrollar el debate que estos ejes pretenden estructurar en mi cabeza, voy a solventar aquí con una cita de Ramón María del Valle-Inclán -dramaturgo, poeta y novelista español-, que daba nombre a la sala en que tenía lugar el encuentro que motiva en parte estas líneas y que, además de sentenciar que "lo mismo da triunfar que hacer gloria la derrota", nos recordaba en "Luces de Bohemia" que "la miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y la muerte"

Existen, además, una serie de asociaciones terminológicas de facto que tampoco resultan en nada positivo; una es la aparente asociación entre innovación e innovación tecnológica -y la de tecnología con infotecnología que a veces lleva implícita-, mientras que otra más curiosa es la de emprendedor, a secas, con emprendedor de base tecnológica. El ejemplo palmario fue el encuentro de marras, en el que se daban cita casi medio centenar de emprendedores y empresarios provenientes (casi) en su totalidad de dos grandes ámbitos, Internet en general, y el comercio electrónico en particular y la biotecnología.

Reflexión esta que me lleva a pensar , finalmente, en la diferencia -referida varias veces en el encuentro- entre emprendedor y empresario. Si bien la consideración del primero como innovador -por definición comprometido con el proceso de convertir una invención o idea novedosa en un producto que alcance con éxito el mercado- puede hacernos pensar que todo emprendedor aspira a convertirse en empresario, lo cierto es que otras consideraciones, como las directamente relacionadas con el desarrollo de la Economía Social en los últimos años, apoyan la idea también útil de saber diferenciar el espíritu emprendedor como valor y las capacidades, actitudes y aptitudes necesarias para dedicarnos a la creación y gestión de una organización empresarial.

En cualquier caso, sin entrar a desarrollar estos puntos, al objeto de elaborar las bases de una postura "política" -es decir responsable, desde la ciudadanía (pro)activa-, debo hacer hincapié en la necesaria y explícita "no especificidad" de unas medidas que se resumen en la demanda más repetida por esos emprendedores, esos "heroes" del momento, "dejadnos en paz": parafraseando a Miguel, "nosotros ya sabemos cómo innovar, como vender nuestros productos y servicios en todo el mundo, cómo crear empleo"... y añadiría que es importante entender que emprender, hacer empresa o innovar son actividades que no tienen signo político; pero sí un profundo impacto social.

Sintetizando, si hemos de conceptualizar estas notas en un marco consistente de actuación habríamos de empezar por no hacer de los emprendedores el objeto de actuaciones específicas en materia económica y financiera; sino, muy al contrario, considerarlos como un "revelador" epecialmente eficaz de las ineficiencias que podrían llevar nuestro sistema económico y empresarial al colapso, apalancando sus experiencias para la definición de medidas genéricas de mayor alcance. Evidentemente, este marco debería servir, también, para recoger medidas "quirúrgicas" a menor escala.


1 comentarios:

Carme dijo...

El mes pasado, Steve Blank hablaba de emprendedores, start-ups y su experiencia sobre las políticas de distintos gobiernos en estos temas: Why Goverments Don't Get Startups

Lo traigo aquí por la parte de introducción, que me pareció muy clara. En su artículo, diferencia seis tipos de startups muy distintos entre ellos explicando que necesitan de condiciones distintas para desarrollarse. Además de que tienen un impacto distinto en la sociedad. Es una introducción muy clara y didáctica que siempre viene bien para situarse.

A partir de aquí expone su opinión sobre el papel de los gobiernos, que no deja de ser una opinión.

Me ha gustado la cita de Luces de Bohemia. Hace muchos años que lo leí, pero lo recuerdo a menudo. Algún día habrá que releerlo, sería lo suyo :-)